Buscar este blog

miércoles, 4 de enero de 2012

Desmotivación.


Sentado en el bus de camino a las clases de teatro, tocado por la música corta venas que estaba sonando en mi celular en ese momento y un poco sentimental por lo que me había pasado la noche anterior, sentí la fuerte necesidad de sacar mi libreta de 'posts en bruto' y, sin tener nada claro en la mente y casi sin darme cuenta, empecé a escribir. No sabía sobre qué quería escribir, pero quería hacerlo. Quería escribir algo, cualquier cosa, ¡lo que sea!

Empecé a pensar en temas sobre los que podía escribir. De inmediato descarté algunos. 

"No quiero escribir sobre amor" - me dije- porque no creí estar emocionalmente apto para hacerlo debido a los hechos recientemente acontecidos en mi vida, y no quería un post todo emo. 

"No quiero escribir sobre autoestima y cosas así". Ya lo he hecho antes y no quería repetir. Además, ya lo he dicho todo al respecto. 

"¡Quiero escribir algo divertido, interesante y de algún tema chévere!"...y fue ahí cuando mi mente dejó de funcionar por completo. No se me ocurría nada. Ni una sola idea, por estúpida que fuera, venía a mi cabeza. "Quizás no esté inspirado" - pensé.

Pero no quería dejar de escribir, de tener un lapicero entre mis dedos mientras desfogaba emociones en una hoja de papel, ni quería dejar de sentir "eso" que se siente al escribir.

"¡En fin! Creo que no escribiré nada." - dije, un poco molesto y frustado por no haber escrito mucho. Curiosamente, ya me sentía mejor que cuando había empezado a  intentar escribir.

3 comentarios:

  1. la inspiración nos juega malas pasadas y no nos da para nada alguna idea, dejando el blog en blanco vaarias veces =)
    Bienvenido a Blogeros LGTB.

    ResponderEliminar
  2. Escribir, la mejor de las terapias. Si te nace, simplemente la inspiración llega sola.

    Éxitos!

    ResponderEliminar
  3. Gracias por sus comentarios. Acuerdo con ustedes. Pero mi desmotivación era más de un todo sentimental que literario.

    ResponderEliminar