¡Ya no puedo más! Debo confesar que no te he sacado de mi cabeza ni un
solo segundo. Te necesito en mi vida, aunque sepa que sólo seremos amigos. Y
eso es todo lo que necesito, ser tu amigo. ¡Pero te necesito!
Sé que no verás esto directamente, pero espero que alguno de nuestros 70
amigos en común te lo haga saber. Tampoco espero una respuesta, porque sé que
no me la darás. Pero me urgía decirlo y dejar de llorar en silencio sufriendo
por tu rechazo.
Te quise, te quiero y siempre te querré sin importar lo que hagas, tú
siempre serás único para mí.
Te extraño tanto. Extraño que me molestes, extraño ver tu sonrisa,
extraño decirte ese apodo que tanto te molestaba, extraño todo de ti, porque me
enamoré de ti por completo sólo con una sola mirada y antes de que me dijeras
algo, yo ya te amaba. Quizás mi error fue confiar o quizás fue, una vez más,
pensar que eras diferente. Pero no importa, no importa lo que me hayas hecho,
porque, y lo sabes, TODO ESTÁ PERDONADO.
Tan sólo te pido una oportunidad más, una oportunidad para demostrarte
que todo puede ser diferente, para que veas que no soy como tú me crees y para
que te demuestre cuán importante tu amistad es para mí. Disculpa por referirme
a ti de una manera anónima, aunque evidente, pues sé que nada te molestaría más
que verme usar tu nombre en un discurso tan cursi. Lo último que quiero es
hacerte enojar porque yo sólo quiere verte feliz, sonriente y disfrutando tu
vida.
Me despido diciéndote, o más bien, recordándote, que te deseo lo mejor
en la vida y de verdad espero que algún día me perdones por lo que sea que haya
hecho para hacerte enojar. Y no te preocupes, tómate tu tiempo. Yo te esperaré
toda la vida, si es necesario, con tal de tenerte de nuevo en mi vida.
¡TE AMO! Y eso nunca cambiará. Cuídate, adiós.
