Buscar este blog

martes, 12 de febrero de 2013

Cualquier parecido con la realidad, es pura inspiración.

Domingo 10 de febrero. Inolvidable domingo 10 de febrero. Aproximadamente las 5:30 de la mañana. Un plan fugaz de sábado discotequero que me tiene un poco desanimado. De pronto, tu camisa negra y tu corbata turquesa aparecen en mi campo visual: 12583 latidos por segundo. Paso por tu lado para confirmar que eres tú y, de ser así, seguir de largo e ignorarte y demostrar que "te olvidé". Me ves, me tomas del brazo y me jalas hacia ti. No me suelto porque, simplemente, no quiero. Nos abrazamos, nos sentimos, respiramos, y nos miramos. Me despeinas mientras me abrazas con desesperación, como si de eso dependiera tu vida. Un amago de beso, algunas lágrimas mías y sonrisas tuyas. Me alzas y empiezas a darme vueltas en plena pista de baile. ¡Me encanta! Me llevas a un elevado  a un costado de la pista de baile. Ahora sí hay besos, esos besos por los que he esperado desde que te conocí hace 8 meses (sí, llevo la cuenta). Explicaciones, preguntas, sonrisas, ¡más besos!, lágrimas, abrazos...y más preguntas. 
Cancelo mi plan de la noche porque prefiero estar contigo, porque siempre lo he preferido. salimos de la discoteca y vamos como dos tórtolos enamorados hacia mi casa. Te pido que hagas el saltito de Chapplin que tanto me encanta, y lo haces. "Te sale aún mejor cuando estás borracho", te digo. Reímos y seguimos caminando de la mano. Me das vueltas como bailando. Me abrazas como si me protegieras. La gente habla, no nos importa. Como ya te he dicho antes, cuando estamos juntos, el mundo desaparece para mí y sólo somos tú y yo.

6:15 de la mañana del mismo domingo, del inolvidable domingo 10 de febrero. Llegamos  la esquina de mi casa, la que por historia hemos nombrado "La esquina del amor". Continúan los besos, abrazos y todo lo demás. La hemos pasado tan bien en esta media hora que no quisiera que acabe. Haré caso a tu pedido de no alejarme de ti nuevo, de no ser frío y que ¡SIGAMOS SIENDO AMIGOS! Porque "las cosas funcionan bien como van", dices. Crees.

Marchas a tu casa y yo a la mía. Horas más tarde me llamas para saber cómo estaba y contengo todas mis emociones para no gritar que estoy más que super feliz. "Todo bien. No te preocupes, entendí el mensaje de lo de ayer", te respondo y quedas satisfecho.

Te regreso a mi lista de contactos en Facebook porque, pues, después de lo que pasó, me parece lo más lógico. (¡Qué iluso!)

Lunes 11 de febrero. Tu nombre es el único que me importa de esa extensa lista de conectados. Cuando por fin decides hablarme, empieza el recuerdo de lo de ayer y, como era de esperarse, quedamos sólo como amigos. Normal, lo acepto, porque no quiero perderte. Te hago una amical invitación al cine y la rechazas (como de costumbre) porque tus horarios de toda la semana están ocupados hasta tarde. Ni modo, será otro día/semana/mes/año/vida. Marcho al trabajo con el corazón un poquito dañado. todo hubiera salido muy bien de no haber sido porque tuve la mala suerte de verte ahí, en el cine, a donde me dijiste que podías ir por tus horarios. En ese momento, todo cambió. Me llené de decepción y rabia y esa última media hora de trabajo fue la más larga del mundo. Solo quería salir corriendo de ahí y llegar a un lugar donde pueda estar solo y olvidarte. Me decepcionaste tanto que ya pareces ser una persona totalmente diferente de la que me enamoré. Nunca hubiera esperado algo así de alguien como tú.

Lloré por un buen rato pensando en ti, pero no porque no sientas lo mismo que yo siento por ti, sino porque me mientas. Me ilusionas y luego es lo mismo de siempre: "Seamos amigos, es lo mejor". ¡NO LO ES! De puedo ser amigo de alguien que me trata así, que se burla de mis sentimientos y se aprovecha de ellos cuando necesita compañía o cuando está borracho. No quiero ser el juguete de alguien, y menos tuyo porque yo a ti no te veo así. Me he decepcionado mucho de ti y antes de que esto llegue a convertirse en un odio irreparable, te digo adiós. Eso sí será lo mejor.

Si alguna vez me extrañas o me necesitas, ya no estaré. Lo siento. Créeme, me duele, y es por eso que decido dejar esto aquí, para no seguir sufriendo ni incomodándote con invitaciones que terminas rechazando con engaños. Suerte en tu vida y, una vez más, adiós.