Buscar este blog

domingo, 4 de diciembre de 2011

¡Qué martirio es tenerlo grande!

Nunca pensé decirlo, pero odio tenerlo grande.


Sé que a veces es bueno porque te permite ser más creativo, pero hay ocasiones en las que no es agradable que sea tan grande. Por ejemplo, cuando se te para por la calle. ¿Qué hacer en esos casos? Todos están viendo que está parado y tu estás pasando la vergüenza de tu vida, porque no hay forma de ocultarlo cuando lo tienes tan grande, como yo. Muchas veces he llegado a rogarle que no lo haga, que no me haga roche en la calle, que se quede tranquilo, pero él parece no entender. Lo peor de todo es que, aparte de grande, es grueso, como el de todo buen cholo, así que, cuando se para, se nota bastante.

En ocasiones he deseado no tenerlo, haber nacido sin él o cortármelo, pero siempre me dicen que les gusta así de grande, así que cedo ante su opinión. ¡Qué suerte que tienen los que lo tienen chiquito!

Y ni qué decir de cuando me despierto. Es algo incontrolable, parezco un animal. No me imagino cuánto sufrirán los que lo tienen mucho más grande. Ha de ser una tortura.

Pero, que irónico es el mundo, ¿no? Hay gente que gasta dinerales con tal de hacerlo crecer o de tenerlo mejor, y uno aquí sufriendo para tenerlo más chico. ¡Qué cosa para más rara!

Vaya...¡qué martirio es tener el pelo grande!

No hay comentarios:

Publicar un comentario